Diario Salto

miércoles 10 de marzo de 2010
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Home Opinión Diego Moraes El viaje del Santo Grial

El viaje del Santo Grial

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diego-moraes.jpgEscribe: Lic. Diego Moraes: (Salto, 23 / 02 / 79) es Licenciado en Letras por la FHCE (UdelaR) y Procurador por la Facultad de Derecho (UdelaR). Actualmente reside en Montevideo, ciudad en la que se desempeña como escritor, docente e investigador.

Desde 2007 integra el equipo de producción del programa televisivo "Voces Anónimas", emitido a través de la pantalla de Teledoce (Canal 12 - Montevideo - Uruguay).

Entre sus intereses profesionales se cuentan la Teoría Literaria, la Semiótica del Cómic, la Retórica Visual, la Poética del Hipertexto y las Leyendas Mágicas de la tradición oral. Ha participado como disertante en diferentes certámenes académicos nacionales e internacionales.

Es autor del libro "Bestiario del Salto Oriental (2007) y co-autor junto a Guillermo Lockhart del libro "Voces Anónimas. Historias y leyendas del universo mágico" (2008).

 

 

¿Quién no ha escuchado hablar del Santo Grial? Se dice que es un tesoro, un manto sagrado, un símbolo del Paraíso Terrenal, la copa en la que bebió Jesucristo en la última cena o incluso el hijo no reconocido que habría tenido con María Magdalena. Todo a su alrededor está sumido en un profundo misterio y en varios rincones del planeta se cuentan leyendas acerca de las peripecias que habría seguido la reliquia desde los orígenes de la Era Cristiana. Según algunos rumores, en ese milenario viaje el Grial pasó por Uruguay y -como no podía ser de otra manera- también habría estado en Salto.


La historia arranca a mediados de la década del '40 en las afueras de Cassino, un pueblito ubicado al noroeste de Nápoles que se hizo muy famoso gracias a su abadía de monjes benedictinos. En este monasterio estaban entonces bajo custodia muchos objetos sagrados de la humanidad, entre ellos el Santo Grial. De hecho, si uno se fija en el diseño de la bandera que ondeaba en la torre de esta abadía durante los años de la Segunda Guerra verá que en ella hay representada una cruz y sobre la misma una copa con una piedra preciosa incrustada en el centro. Es decir, la inconfundible imagen del Santo Grial.

El Grial estuvo en este monasterio hasta febrero de 1944, poco antes de la invasión de Normandía, cuando se celebró en la zona la terrible "Batalla de Monte Cassino", un enfrentamiento muy cruel que duró varias semanas y cobró cientos de víctimas que tenía un enorme peso estratégico en el desarrollo de la guerra, ya que era aquel el último reducto que se interponía entre Roma y el paso de los aliados. Al final, éstos derrotaron a los nazis, que estaban atrincherados en la abadía, pero en un momento del combate se produjo una misteriosa tregua entre los ejércitos que duró cuarenta y ocho horas. Y parecería que fue justo en ese intervalo que los monjes, en común acuerdo de ambos bandos, movieron el Santo Grial del monasterio para ponerlo a salvo de las agresiones.

Según las versiones más confiables, el gran responsable de gestionar este traslado fue Monseñor Eugenio Pacelli, quien entre 1939 y 1958 fuera investido como el Papa Pío XII. Pacelli había visitado Uruguay en 1934 y quedó encantado con el país. Hizo muchas amistades aquí, especialmente con el Sr. Humberto Pittamiglio, un reconocido alquimista discípulo de Francisco Piria y "Caballero Rosacruz" -Grado 18 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de la Masonería- que tenía un estrecho vínculo con la abadía de Monte Cassino, sede de la fraternidad. Tan amigos se hicieron que en un momento de la Segunda Guerra, cuando Mussolini amenazó invadir el Vaticano, Pittamiglio invitó a Pío XII a que se refugiara con él en Montevideo. El Papa no aceptó esa invitación, pero aprovechó la amistad con el alquimista uruguayo para poner a salvo el Santo Grial.

Fue así que una vez retirado de la abadía de Monte Cassino, el mayor tesoro de la humanidad atravesó el océano Atlántico y fue a parar a un misterioso edificio ubicado sobre la rambla Gandhi de la capital uruguaya conocido como "El castillo Pittamiglio". Se trata de una construcción muy rara, con una arquitectura que responde al estilo de los Caballeros Templarios. Tiene la forma general de un barco -símbolo del método sagrado de la "Vía Húmeda"- con la imagen de la Victoria de Samotracia asomando en la proa. Su interior es un laberinto, lleno de recovecos, cámaras ocultas, pasadizos e infinidad de símbolos pertenecientes a las antiguas tradiciones herméticas. Cuando Pittamiglio supo que el Grial iba a llegar al castillo hizo refacciones especiales en él y hasta construyó un santuario para alojar a la reliquia.

La idea era que el Santo Grial se quedara en este castillo durante mucho tiempo, aprovechando la situación de tranquilidad que ofrecía el país. Sin embargo, en la década de los ‘70 empezaron a ocurrir una serie de sucesos hostiles en la región (la dictadura uruguaya entre 1973 y 1985, el conflicto de límites australes entre Argentina y Chile que casi terminó en las armas en 1978 o la Guerra de Malvinas de 1982) que alteraron esa calma. Y justamente ese clima de inestabilidad aconsejó la necesidad de trasladar la reliquia a un lugar más seguro. Al cabo de arduas negociaciones, esto finalmente ocurrió en mayo de 1988, durante la segunda visita de Juan Pablo II a Uruguay, que en realidad fue una enorme pantalla de humo para disimular el secreto viaje del Santo Grial.

Los trámites habrían sido encabezados por una persona de íntima confianza del Papa cuyo nombre se pierde en la noche del anonimato. La tarde del 7 de mayo de 1988, pocas horas después de que la comitiva del Sumo Pontífice llegara al Aeropuerto de Carrasco, este misterioso emisario llamó a la puerta del castillo Pittamiglio con una carta del Santo Padre en sus manos y solicitó que le entregaran el Santo Grial. No llegó a tenerlo en su poder mucho tiempo, pues mientras el Papa realizaba una multitudinaria celebración en el Estadio Centenario, lo puso en un avión y ordenó que lo condujeran a Salto, adonde habría de trasladarse la comitiva un par de días más tarde.

En Salto, altas jerarquías de la Masonería esperaron el Santo Grial en el aeropuerto de Nueva Hespérides y lo condujeron al Colegio Hiram -calle Treinta y Tres entre Artigas y Uruguay-, donde aún hoy funciona una Logia y en cuya arquitectura destacan, a la vista de todos, cantidad de símbolos masónicos. El tesoro más valioso del mundo pasó dos noches en ese edificio. Pero la tarde del 9 de mayo, mientras Juan Pablo II llevaba a cabo una histórica misa en el parque Mattos Netto ante miles de feligreses, sus colaboradores, contando con el apoyo de las fraternidades secretas locales, desplazaron el Santo Grial en un barco a través del río Uruguay rumbo a Concordia. Una vez en la hermana ciudad argentina, la reliquia continuó su viaje hacia los Estados Unidos, no sin antes dar lugar a una serie de leyendas mágicas recientes que circulan en las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Córdoba.

Casi que para conmemorar el fugaz paso del Santo Grial por Salto, en su momento se construyó una imponente estructura adornada con techo de paja, el famoso "Altar del Papa", un quincho que estaba ubicado en el barrio Cien Manzanas, cerca de la torre con la veleta en forma de toro de la costanera Sur. Una noche, años después de la visita de Juan Pablo II, un inconsciente prendió fuego esa estructura. Y en su lugar las autoridades salteñas decidieron erigir un símbolo a escala reducida de otro que todavía luce en pleno barrio Tres Cruces de Montevideo: la imagen de una cruz de piedra rodeada con arreglos de rosas. Es decir, la imagen de la "Rosa-Cruz", emblema de la fraternidad que fuera principal responsable del viaje del Santo Grial por Uruguay.

 

Para Diario Salto - Lunes 21 de setiembre de 2009.

 
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