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jueves, 09 septiembre 2010
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Home Opinión Lic. Emilio Arredondo. El "nivel" de la campaña.

El "nivel" de la campaña.

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Escribe: Lic. Emilio Arredondo - Politólogo

 

 

ESTA ES UNA DE LAS MEJORES CAMPAÑAS ELECTORALES.

Varios periodistas, algunos colegas e incluso actores se quejan insistentemente de lo que para ellos es el muy bajo nivel de esta campaña electoral. La queja se centra en tres aspectos: la agresividad entre los actores, el inapropiado estilo del lenguaje utilizado por algunos y la ausencia de debate y propuestas concretas. Hace poco uno de mis colegas dijo en una entrevista que esta es la peor campaña desde el retorno a la democracia. Yo creo exactamente lo contrario: esta es una de las mejores campañas que ha tenido la historia reciente del país.


Sobre la agresividad: es verdad que desde las internas ha ido en aumento el nivel confrontativo de los discursos, lo cual no tiene nada de extraño. En todas las campañas más o menos competitivas del mundo hay una fase (inicial) en la que se pone en pugna el "principio de verdad", es decir, la credibilidad de los hablantes. Los candidatos y sus equipos forcejean para probar que son más creíbles que el adversario y saben que si alguno tiene éxito en esa pugna (o sea, si convencen a la opinión pública de que el adversario no merece confianza), el resto de la campaña resultará más fácil. Y en cuanto a la agresividad (que es un derivado de lo anterior), solo basta hacer memoria para saber que esta campaña no es ni más ni menos hostil que muchas otras que hemos vivido.


Lenguaje y política.

"Estupideces", dijo Vázquez, "viejo Vizcacha", dijo Sanguinetti, "atorrantes", dijo Lacalle... la lista podría continuar. Obviamente, en ese terreno de expresiones "incorrectas", Mujica es el campeón. Del amplísimo repertorio que nos ofrece, tomaré como paradigmáticas parte de sus declaraciones a Diario "La Nación".


(...) "en la Justicia no creo un carajo" (...) "Porque la Justicia tiene un hedor a venganza de la puta madre que lo parió". (José Mujica, entrevista en "La Nación", 12/09/09).


A pesar de su apariencia de vulgaridad y chabacanería, estas formas de decir (a 40 días de una elección) aportan profundidad al debate. Lo que la hace valiosa más allá de lo anecdótico no es su contenido sobre la justicia, sino su forma. Es la incorrección de su forma (chabacana y revulsiva para las sensibilidades "decorosas") la que por fin hace aparecer en la campaña la lucha cultural. El triunfo ideológico de un grupo descansa en haber convencido a otros grupos sobre cuáles son las cosas importantes (dignas de ser pensadas y habladas) y cuáles no lo son. El primer paso hacia la transformación del mundo comienza en el lenguaje, en la pelea por lo decible. Por eso el pensamiento conservador suele hablar el lenguaje de las "buenas costumbres".


La puteada de Mujica, aún cuando esa no haya sido su intensión (la entrevista fue hecha antes de las internas), ingresa a la campaña como un gesto de resistencia a ese poderoso mandato de las "buenas costumbres" que pretende tener el monopolio no de la elegancia en el decir sino más importante aún, de lo que está permitido pensar y decir. El lenguaje juega un papel decisivo en esa lucha ideológica ya que es en ese terreno del lenguaje donde comienzan a definirse las líneas que separan lo decible de lo indecible. Y esto no sería importante si no fuera por el hecho de que la forma como hablamos trae consigo, como un Caballo de Troya, cierta forma de pensar, clasificar y de priorizar. Por eso el estilo del lenguaje es mucho más que una mera cuestión estética; es esencialmente político. Por eso debe celebrarse que algo tan denso para cualquier estructura psicosocial esté presente en una campaña electoral.


De mitos, debates y propuestas.

Un debate político puede darse al menos en tres niveles: a) un nivel ideológico, que involucra grandes tendencias o rumbos de gobierno, b) un nivel de legitimación, donde lo que está en discusión es la autoridad de los hablantes y c) un nivel programático, que implica contrastar propuestas puntuales.


Aquellos que dicen que en esta campaña no hay debate, seguramente están pensando en la ausencia de debate en el nivel c). Pero los uruguayos no somos seres que únicamente nos guiamos por el nivel c), es decir, la mejor propuesta programática. Es más, no hay ni ha habido sociedad en el mundo que defina sus opciones en políticas solamente por una ponderación equidistante de todas las propuestas en juego. Ese es el mito del ciudadano racional, mito ese que masajea el ego de cierta clase media que pretende ser lo que en realidad no es. Muchos de los que reclaman la ausencia de propuestas programáticas, en realidad no necesitan de ellas para definir su voto. 85 de cada 100 uruguayos ya tienen definido su voto hace mucho y no necesitaron de muchos detalles de propuestas para hacerlo. Por eso creo que eso de criticar el nivel de esta campaña tiene mucho de pose intelectual.


Pero aún cuando ese factor fuera fundamental, tampoco es verdad que no existen propuestas. Todos los Partidos y candidatos las han presentado en diversos lugares y de diversas maneras. Lo que no hay es interés mediático ni popular en ellas. Así de simple. Y por qué? Porque en realidad el debate se está dando -sabiamente- en los dos primeros niveles.


Si esto no es debate...


Esta campaña tiene un gran nivel de debate, como tal vez nunca se haya visto desde el retorno de la democracia. Claro: es un debate sobre cómo vivir, sobre valores, un debate cultural, que pone en juego grandes rumbos gubernamentales. Es un debate entre dos modelos de sociedad, favorecido por el perfil totalmente contrapuesto de los dos presidenciales con chance. Cuando Lacalle dice que Mujica vive en una "cueva" y éste le contesta sobre su mansión en Carrasco, están poniendo sobre la mesa un aspecto central de la cultura moderna: la sociedad de consumo y los criterios para identificar qué significa vivir "bien" o vivir "mal". Cuando se identifica pobres con "atorrantes" se pone sobre la mesa un cierto concepto de pobreza y la responsabilidad social ante esas personas. Si los pobres son pobres porque no les gusta trabajar (tal como se deduce de los dichos de Lacalle), entonces toda ayuda estatal a los pobres será vista y evaluada como un despropósito. Según este postulado, si son "atorrantes", que se "banquen" la pobreza.


Eso no solo que sí es un debate hecho y derecho sino que es un debate mucho más sabio y necesario que uno focalizado en propuestas puntuales sobre tal o cual cosa.


Veámoslo desde un ángulo inverso. ¿Qué sería un debate con "nivel" para quienes critican la actual campaña? Tal vez sea el intercambio de argumentos a favor y en contra de ciertos topes a encajes bancarios o la ratio de deuda (bruta o neta), o la emisión de bonos, etc. Esa sería una agenda propicia para quienes somos técnicos en algunas materias, pero totalmente extraña para la mayoría. Esa agenda implicaría llevar tristemente el debate al plano de lo técnico, quitándolo del plano cultural. Es decir, despolitizándolo. La pregunta es ¿a quién le sirve reducir el debate a lo estrictamente técnico? Eso sí sería rebajar el nivel ya que el verdadero logro de esta campaña es haber dejado al descubierto que en última instancia esta elección es un importante capítulo de la vieja, querida y siempre presente lucha de clases (y lo digo aún sabiendo que no está de moda decirlo). Así pasó las elecciones en 1916, en el '58, en el '71, en el 2004 y lo es ahora. Si eso no es debate...

 

Para Diario Salto - Lunes 5 de octubre de 2009

 
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